Enrique Arrillaga (Muebles Lufe): «Si le va mal, el empresario se queda desprotegido y sin derechos» – Entrevista Emprendedores

Foto cortesía D.V. - Foro Emprendedores Adegi

Foto cortesía D.V. – Foro Emprendedores Adegi

Entrevista a Enrique Arrillaga, CEO – Cofundador de la startup  Muebles Lufe y miembro del Foro de Emprendedores de Adegi,  realizada y publicada en el Diario Vasco.

Fue al hacer un punto y aparte en su vida profesional cuando comenzó su verdadera historia. Arrillaga dio con la fórmula de negocio que lo devolvería al mercado. «Había que arriesgar y poner los mejores precios al cliente final, sin intermediarios»

Hace poco más de dos años Enrique Arrillaga decidió apostar la última carta que le quedaba sin saber que aquella carta era, en realidad, un as en la manga sobre el que se levantaría una empresa de éxito. Acababa de echar la persiana de un negocio familiar tras años intentando remontarlo cuando optó por tratar de vender por internet y a muy bajo coste unas camas de madera de pino que había fabricado. Y acertó. Aquella venta fue el origen de Muebles Lufe, una empresa afincada en Azpeitia en cuyo recibidor hay una exposición de muebles de madera maciza y líneas funcionales que dotan a la estancia de ese aire nórdico en el que todo parece sencillo y armonioso y equilibrado. Y así parece también ahora el mundo de su creador, un eibarrés que entra en la sala destilando a partes iguales optimismo y serrín. «Estaba taladrando unas piezas», justifica. Hoy trabajan a todo gas para amoldarse a un crecimiento constante. –Vaya aventura. De dos trabajadores a ocho, de trabajar en Azpeitia con madera de pino de aquí a vender todos los días en ciudades con tanta competencia como Madrid y Barcelona… Estará contento. – Sí, estamos contentísimos, y sobre todo disfrutamos muchísimo con lo que hacemos, con cómo estamos creciendo y cómo vamos ampliando productos e innovando para mantener el negocio vivo. Hemos pasado años duros, lo pasamos canutas antes de Lufe, pero ahora estamos disfrutando cada día.

– Por cierto, es un nombre curioso el de Lufe. ¿Qué significa?

–Local, universal, funcional y ecológico. Todo el producto que elaboramos lo desarrollamos con esas características. Trabajamos con madera de aquí, de producción sostenible y vendemos por internet con los precios más competitivos posibles.

– Pero ahora que ya les va bien, ¿no tienen tentación de subir los precios?

– Si fueran más caros no podríamos competir con Ikea, por ejemplo. Teníamos claro que había que arriesgar y los mejores precios que tenemos se los hemos puesto al cliente final, ahorrándonos los intermediarios, que encarecían mucho el precio. Esa ha sido nuestra apuesta.

– Viene de una empresa familiar que fabricaba tableros alistonados, ¿por qué no siguió?

– Mi padre se metió en el negocio del tablero alistonado en el año 92. Tuvimos unos años buenos, que yo creo que fueron 2002, 2003 y 2004, pero a partir del 2005 y 2006 empezamos a perder dinero y a intentar buscar formas de salir adelante. Trabajamos muchísimo por levantar ese negocio, lo intentamos y lo volvimos a intentar y a intentar de múltiples maneras, pero al final no fue bien. Fueron años durísimos. Lo perdimos todo, porque tomamos la decisión de apostar personalmente por aquella empresa porque creía que era capaz de sacarla adelante. Y no fue así. Tuvimos que cerrar y, bueno, a última hora habíamos sacado una serie de camas de madera y a mí la venta por internet siempre me ha gustado, pensaba que por ese canal teníamos una oportunidad y decidimos intentarlo. Así que cerramos la empresa en febrero de hace dos años y pico. Es entonces, cuando pierdes todo, cuando coges un papel y apuntas: ¿qué puedo hacer ahora? Podía buscar trabajo en otro lado, pero bueno, al final digo, pues la verdad es que esto de las camas me gustaría desarrollarlo.

– ¿Y qué hizo?

– Le llamé a un amigo, un empresario de aquí, de Azpeitia, Lander Garate, de muebles Begar, al que le dije que quería desarrollar la idea de vender las camas y que si me podía ‘acoger’. Y ni un problema. Y fuimos a su nave, y en su oficina, con un ordenador, hicimos una página web nueva, él nos empezó a fabricar lo que íbamos haciendo y a los tres meses ya alquilamos esta nave. Habíamos hecho un proyecto a un año con un plan según el cual si llegábamos a cierta facturación seguíamos con el negocio y, si no, lo dejábamos, y vimos que podíamos seguir adelante. Lombok Design de Zarautz nos ayudó muchísimo, así como serrería Larrañaga, y se nos añadió una diseñadora, Silvia Ceñal, que apostó por el proyecto cuando aún no había despegado… Encontramos muy buenas conexiones en gente que te entiende, que sabe lo que es sacar un negocio adelante, y entre todos arrancó esta empresa.

– ¿Por qué decidió vender por internet? ¿No se vuelve uno loco tratando con un montón de clientes particulares?

–No, lo de llegar del fabricante al cliente final directamente a mí me parece una maravilla. Nos hemos quitado a los intermediarios y hemos ganado un montón de oxígeno sin ellos. Yo con el canal de comercialización he sufrido mucho. El comerciante, por lo menos en mi caso, e igual ha sido por estar en un mercado en el que había excesiva oferta, casi siempre ha abusado de nosotros. Ahora con el cliente final la relación es mucho mejor. Y te quitas los bancos porque ganas una liquidez total, la gente sabe que tiene que pagar para recibir su producto y todo es más fluido.

– ¿Siendo la materia prima local, Gipuzkoa es su principal cliente?

– No, al final la gente nos conoce por internet, así que vendemos en todos lados, sobre todo en Madrid, Barcelona y Baleares un montón.

– ¿Cuántos pedidos tienen cada día?

– Unos veinte al día, el triple que el año pasado, es una pasada la evolución que estamos teniendo, estamos contentísimos. Vamos innovando en los diseños y ampliando la oferta. Para mantener la tienda viva tenemos que seguir sacando producto, siempre con la filosofía LUFE. Creo que tenemos un largo camino por delante…

– Imagino que no exento de miedo tras lo vivido.

– No. A ver, yo creo que hay cosas que no se te olvidan nunca, sobre todo porque yo creo que cuando eres un empresario –bueno, hablo de empresarios, pero en realidad nosotros somos unos trabajadores como cualquier trabajador, por lo menos los que yo conozco– cuando lo perdemos todo nos quedamos totalmente desprotegidos. Si te va mal, los trabajadores que arrastras contigo sufren muchísimo, pero tú te quedas sin ningún derecho y da igual que hagas las cosas con buena voluntad, siempre somos los malos de la película. Con esas experiencias se sufre mucho, pero al final te haces súper fuerte. No te queda otra. Trabajas internamente para alejarte de esos miedos que tienes todavía y poder salir adelante. Por suerte, nosotros lo que estamos viviendo es una buena etapa, tenemos mucho recorrido por delante, y preferimos trabajar y mirar hacia adelante.

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